domingo, 8 de junio de 2014

La libertad interior es nuestro verdadero ser



Por Ernesto Sánchez


Cualquier cosa que uno haga es porque ya se ha tomado una decisión. La acción implica en sí misma una elección.  Esa es nuestra libertad.  Aun con todos los condicionamientos y las presiones externas, la libertad es un hecho interior.  Una decisión personal. Así es como debemos asumir  nuestra responsabilidad ante la vida.
-Maestro, pregunta el discípulo, ¿es posible que el hombre sea sometido, su mente adormecida, y su voluntad conculcada por las creencias impositivas, por las ideologías y por la presión psicológica de la propaganda repetitiva que hace que una mentira parezca una verdad?
-Aparentemente, pareciera que sí, respondió el viejo maestro. Pero aprendamos de la historia que ninguna esclavitud o neo-esclavitud ha tenido un final feliz.   La historia nos enseña que  el hombre tiene una capacidad cultural y espiritual para la resistencia.  Aunque su condición de dignidad sea rota y humillada, él sigue siendo un ser humano que tiene dentro de sí lo más importante que le da verdadero sentido a su existencia: el amor.
Quizás este fue el mejor testimonio que nos dejó Víctor Frankl cuando escribió desde el campo de concentración nazi en el que estuvo recluido por su condición diversa.  El decía: “La verdad es que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre”,  y  agregaba: "La salvación del hombre está en el amor y a través del amor"… Él sostenía que hacernos conscientes de nuestra capacidad de elegir y de amar obedece a nuestra  libertad interior,  que es nuestro verdadero ser, y es el camino más expedito que nos lleva al crecimiento humano.
“Llegué a comprender que lo primordial es estar siempre dirigido o apuntado hacia algo o alguien distinto de uno mismo: hacia un sentido que cumplir u otro ser humano que encontrar, una causa a la cual servir o una persona a la cual amar ", decía el Sr. Frankl para concluir.
Aunque parezca un lugar común decirlo,  tenemos libre albedrío,  por esta razón nuestro camino será siempre individual, único, y nuestro aprendizaje y experiencia personal será siempre lo que nos haga crecer en dignidad,  en libertad y  sabiduría.  Esos son  nuestros  grandes tesoros que la naturaleza infinita y Dios nos han regalado a cada uno de nosotros. En definitiva, éstos son nuestros derechos humanos fundamentales e ineludibles.

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jueves, 5 de junio de 2014

EL CUERPO ES LA CASA DE DIOS





Por Ernesto Sánchez

El templo dedicado al dios Amon-Ra en el antiguo Egipto, tenía dos niveles: un templo externo en el que los iniciados podían entrar, y otro interior al que se accedía solamente cuando se alcanzaba el Conocimiento (la gnosis). En el templo externo estaba un escrito que decía “El cuerpo es la casa de Dios”; en el templo interior, decía: “Hombre conócete a ti mismo… y conocerás a los dioses”.

Una vez, el viejo maestro Gurdjieff dijo que no bastaba conocerse, sino que además uno debía estudiarse así mismo. Y estudiarse en este contexto significa observarse consciente y objetivamente; no analizarse, sino verse nada más. Según podemos desprender de lo leído hasta aquí, con la consciencia, se accede a la comprensión de los grandes enigmas que esconde el universo, y a través de esta hermenéutica del sujeto, saber que somos un microcosmos que replica al macrocosmos: o lo que es lo mismo, para expresarlo desde la perspectiva de Hermes Trismegisto, así como es arriba, así es abajo; cielo y tierra, ying y yang.

Si bien el hombre es un ser en permanente aprendizaje y crecimiento, ¿hasta qué punto el conocerse no implica más que una misión imposible?, y no faltará alguien que diga que al final de cuentas qué importa nuestra ignorancia, si para vivir lo que hace falta es la fe que mueve montaña, independientemente que seamos ciegos y sordos ante nuestra destino; o si para vivir más bien es preferible una ignorancia tranquila que una comprensión peligrosa.

.En síntesis, de lo que verdaderamente se trata no es sólo de conocerse, sino de estudiarse. No se trata de ser un erudito del sí mismo, sino de conectarse a la Sabiduría interior o tener Consciencia. El conocer como tal es limitado por que depende del intelecto, y éste es una parte de nuestro cuerpo que sólo da cuenta interpretativa de lo percibido por nuestros sentidos.

El conocimiento es parcial y pertenece al ego. En cambio, la consciencia nos lleva a la sabiduría, y ésta nos da la libertad para construir la existencia en el aquí y el ahora desde nuestro cuerpo. Y el cuerpo pasa a convertirse de esta manera en un testigo sintiente de la casa de Dios, es decir de la sabiduría que también es amor (pasión y compasión) que es el motor para la acción y la realización de lo humano como un ser, no ya para la muerte como decía Sartre, sino para la Existencia, para la Vida Eterna y la Felicidad.





jueves, 29 de mayo de 2014

LA SABIDURÍA VIENE DE LA EXPERIENCIA



Por Ernesto Sánchez


Cuando la experiencia vivida se hace conciente se llama aprendizaje,  y cuando el aprendizaje se relaciona con otros aprendizajes anteriores y le damos coherencia  interpretativa y pertinencia instrumental  lo llamaremos entonces conocimiento.  Pero lo esencial, lo vital sigue siendo la experiencia.  La verdad estará en el sentir, y en el sentir está el cuerpo:  en nuestro cuerpo, en nuestra vida que debe transitar un camino, que es “el Camino por Excelencia”, como decía el viejo maestro Lao Tsé.  El camino es  nuestra existencia que es realización del ser como manifestación  del espíritu infinito de Dios hecho carne y sangre en cada uno de nosotros. Es decir, en cada corporeidad que es cuerpo-alma-mente y poesía.

Hay un cuento que viene muy propósito con el tema de hoy: Cierta  vez un discípulo  le preguntó al Viejo Maestro cómo aprender sabiamente de las experiencias que nos ofrece la vida, sean éstas malas o buenas.

Y él le contestó:   -Hay un procedimiento  y una actitud que se deben cultivar para ser un verdadero sabio. El procedimiento es, reflexionando cada una de las experiencias  buscando su sentido y su esencialidad en nuestras relaciones con la existencia. Y  la actitud debe ser la de receptividad, de aceptación y de quietud interna, o si se quiere de meditación activa para aprender a ver el bien que está en cada situación; aprender a descifrar, a escuchar no tanto las señales y las voces que vienen de afuera, sino también  las que vienen de adentro, de nuestra voz interna o sabiduría interior.

En nuestros talleres de Crecimiento Humano distinguimos la diferencia entre conocimiento y sabiduría. La primera se posee, puede ser adquirida  en las bibliotecas y en las escuelas, pero  la segunda, no. La sabiduría no se posee sino que es ella la que nos posee a nosotros, y es sí y sólo si tenemos la apertura y  estamos abiertos a recibirla con la humildad y con la inocencia de un niño.    

Inexorablemente, la sabiduría viene de la experiencia.

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martes, 27 de mayo de 2014

SER UNO MISMO SIGNIFICA QUE UNO ES Y SERÁ LO QUE QUIERA SER

 

Por Ernesto Sánchez

Cierto día un discípulo se dirigió a su maestro con un pequeño pájaro en su mano con el propósito de ponerle a prueba su sabiduría; le preguntó si éste estaba vivo o muerto, si el maestro decía que estaba vivo, él apretaría al pájaro en sus manos y al abrirlas ya habría muerto; si contestaba que estaba muerto éste lo dejaría volar, y así se habría equivocado el viejo maestro.
Fue hacia él, y le expuso su pregunta:
- Maestro, este pájaro que tengo en mis manos está vivo o está muerto
Luego de mirar al discípulo, le respondió:
- Hijo, la respuesta está en tus manos; será, lo que tú quieras que sea.

Evidentemente, tenemos nosotros como seres humanos el libre discernimiento y la responsabilidad en la construcción de nuestra individualidad. Lo que somos es lo que hemos querido ser. Sin excusas. Y como nos decía el filósofo francés J.P. Sartre, “estamos condenados a ser libre”.

La libertad, Sancho -decía Don Quijote a su escudero- es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida

En los Talleres de Crecimiento Humano decimos que tenemos dentro de nuestro ser los tesoros del amor, el de la moderación y el de la sabiduría interior con los cuales podemos constituirnos en arquitectos y hacedores de nuestra existencia. Ni siquiera Dios puede intervenir en nuestras decisiones, si no se lo permitimos. Es nuestro Libre Albedrío el precioso don que nos ha dado la Naturaleza en su Sabiduría Infinita. La libertad política o económica no significa nada si antes no somos libres en pensamiento, en alma y en espíritu.

Una vez, al célebre dramaturgo noruego, autor de esa extraordinaria obra teatral titulada “Casa de Muñecas”, Henrik Ibsen, cuando le preguntaron que cuál era el primer deber del hombre, la respuesta fue breve y contundente; dijo: “ser uno mismo”.

Y ser uno mismo significa que uno es y será lo que deba y quiera ser... Ni más ni menos.

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