jueves, 12 de junio de 2014

DESEO + CREATIVIDAD + ACTUACIÓN = LOGRO





Por Ernesto Sánchez


El hombre  busca y  desea cosas,  pero también desea que lo deseen, es decir, busca ser objeto  del deseo de alguien.  Aquiles Nazoa nos decía:    “… creo en mi mismo porque sé que hay alguien que me ama”. Es decir, el hombre desea ser amado, ser reconocido que es como una forma de sentirse amado.  Buscar  el reconocimiento, precisamente,   es lo que lo define como un ser social. ¿Pero qué es el deseo?  Según Hegel, es ausencia de algo, es carencia.  Se desea lo que no se tiene. Ese afán de que nos reconozcan es lo que nos hace humano.  Se busca la sabiduría, el poder, la felicidad.  He ahí nuestro itinerario existencial.  La Biblia en su sabiduría revelada nos dice: “Busca (desea) el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura”.  Por otro lado, Lao Tsé, advertía  que no hay crimen más enorme que perseguir deseos.  Creo que el viejo maestro se refiere a perseguir carencias y ausencias que es como perseguir la nada,  y eso sí que es muy frustrante. ¿Cuándo se podrá alcanzar lo que es nada?



-Maestro, dicen que el desear hace infeliz al hombre, ¿qué hay de cierto en ello?

-Hijo, Lo malo no es el deseo.  Lo que hace daño es no lograr lo deseado, porque  produce frustración que nos hará resentidos e infelices. El deseo  es un pensamiento, una idea que proyectas desde el presente hacia el futuro.  Pero si  reprimes tu logro, si reprimes lo que tú quieres expresar libremente y reprimes la actuación de tu ser, no sólo te producirá frustración, sino también te llevará a estados de  impotencia y estancamiento del alma.  Eso es lo malo, no el deseo en sí mismo.  Cuando hay deseo y creatividad; cuando hay creatividad y acción, el logro  vendrá por añadidura, el cual  no es otra cosa que la realización del ser como gracia divina  del espíritu humano.
  

Cuando hay satisfacción y agradecimiento por el logro, éste te dignifica y te da el impulso para seguir creciendo. 


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martes, 10 de junio de 2014

EL SER ESTÁ EN LA COMUNICACIÓN


Por Ernesto Sánchez



Muchas veces oímos decir que alguien es un buen comunicador porque tiene el poder de la palabra, porque convence, persuade y porque es capaz de hablar por muchas horas y nosotros nos embelesamos escuchándolo. Efectivamente puede ser así, hay personas que tienen ese don. ¿Pero es eso comunicación? La comunicación es fundamentalmente diálogo. No monólogo. M. Kaplún decía que la comunicación no es un asunto de emisor y receptor, sino de seres humanos que comparten experiencias, saberes y sentimientos...

La comunicación para que sea efectiva debe ser afectiva. Y para ser afectiva hay que empezar aceptándonos y para aceptarnos hay que reconocernos y valorarnos, si no, no hay diálogo posible. Y si no hay diálogo, no es posible el encuentro con lo que hay de verdadero en cada uno de nosotros.

-Maestro, cuáles son las virtudes principales que nos lleva a la verdad y a la sabiduría.
-Hijo, saber escuchar, no hablar y no dejarse arrebatar por la ira. Si escuchamos atentos, nuestra mente se abre al aprendizaje, y por lo tanto, sabremos comunicarnos y comprender mejor al otro. Saber comunicarse bien es no hablar sino lo necesario; recuerda que un buen maestro enseña sin palabras. Y en cuanto a la ira, ésta es una emoción que obnubila la mente; cuando caemos en ese estado se hace imposible escuchar la voz de Dios que viene de lo más profundo de nuestro corazón y del corazón de aquellos con los cuales nos relacionamos.

Y volviendo a Mario Kaplún, él sostenía que definir bien la comunicación equivale a decir en qué clase de sociedad queremos vivir… Porque definitivamente somos seres que no hacemos otra cosa que comunicamos los uno con los otros, porque simplemente es esa nuestra esencia; de lo contrario estamos corriendo el riesgo de deshumanizarnos y perder nuestra condición de seres para la vida, para el encuentro, la amabilidad, la convivencia y la felicidad.

domingo, 8 de junio de 2014

La libertad interior es nuestro verdadero ser



Por Ernesto Sánchez


Cualquier cosa que uno haga es porque ya se ha tomado una decisión. La acción implica en sí misma una elección.  Esa es nuestra libertad.  Aun con todos los condicionamientos y las presiones externas, la libertad es un hecho interior.  Una decisión personal. Así es como debemos asumir  nuestra responsabilidad ante la vida.
-Maestro, pregunta el discípulo, ¿es posible que el hombre sea sometido, su mente adormecida, y su voluntad conculcada por las creencias impositivas, por las ideologías y por la presión psicológica de la propaganda repetitiva que hace que una mentira parezca una verdad?
-Aparentemente, pareciera que sí, respondió el viejo maestro. Pero aprendamos de la historia que ninguna esclavitud o neo-esclavitud ha tenido un final feliz.   La historia nos enseña que  el hombre tiene una capacidad cultural y espiritual para la resistencia.  Aunque su condición de dignidad sea rota y humillada, él sigue siendo un ser humano que tiene dentro de sí lo más importante que le da verdadero sentido a su existencia: el amor.
Quizás este fue el mejor testimonio que nos dejó Víctor Frankl cuando escribió desde el campo de concentración nazi en el que estuvo recluido por su condición diversa.  El decía: “La verdad es que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre”,  y  agregaba: "La salvación del hombre está en el amor y a través del amor"… Él sostenía que hacernos conscientes de nuestra capacidad de elegir y de amar obedece a nuestra  libertad interior,  que es nuestro verdadero ser, y es el camino más expedito que nos lleva al crecimiento humano.
“Llegué a comprender que lo primordial es estar siempre dirigido o apuntado hacia algo o alguien distinto de uno mismo: hacia un sentido que cumplir u otro ser humano que encontrar, una causa a la cual servir o una persona a la cual amar ", decía el Sr. Frankl para concluir.
Aunque parezca un lugar común decirlo,  tenemos libre albedrío,  por esta razón nuestro camino será siempre individual, único, y nuestro aprendizaje y experiencia personal será siempre lo que nos haga crecer en dignidad,  en libertad y  sabiduría.  Esos son  nuestros  grandes tesoros que la naturaleza infinita y Dios nos han regalado a cada uno de nosotros. En definitiva, éstos son nuestros derechos humanos fundamentales e ineludibles.

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jueves, 5 de junio de 2014

EL CUERPO ES LA CASA DE DIOS





Por Ernesto Sánchez

El templo dedicado al dios Amon-Ra en el antiguo Egipto, tenía dos niveles: un templo externo en el que los iniciados podían entrar, y otro interior al que se accedía solamente cuando se alcanzaba el Conocimiento (la gnosis). En el templo externo estaba un escrito que decía “El cuerpo es la casa de Dios”; en el templo interior, decía: “Hombre conócete a ti mismo… y conocerás a los dioses”.

Una vez, el viejo maestro Gurdjieff dijo que no bastaba conocerse, sino que además uno debía estudiarse así mismo. Y estudiarse en este contexto significa observarse consciente y objetivamente; no analizarse, sino verse nada más. Según podemos desprender de lo leído hasta aquí, con la consciencia, se accede a la comprensión de los grandes enigmas que esconde el universo, y a través de esta hermenéutica del sujeto, saber que somos un microcosmos que replica al macrocosmos: o lo que es lo mismo, para expresarlo desde la perspectiva de Hermes Trismegisto, así como es arriba, así es abajo; cielo y tierra, ying y yang.

Si bien el hombre es un ser en permanente aprendizaje y crecimiento, ¿hasta qué punto el conocerse no implica más que una misión imposible?, y no faltará alguien que diga que al final de cuentas qué importa nuestra ignorancia, si para vivir lo que hace falta es la fe que mueve montaña, independientemente que seamos ciegos y sordos ante nuestra destino; o si para vivir más bien es preferible una ignorancia tranquila que una comprensión peligrosa.

.En síntesis, de lo que verdaderamente se trata no es sólo de conocerse, sino de estudiarse. No se trata de ser un erudito del sí mismo, sino de conectarse a la Sabiduría interior o tener Consciencia. El conocer como tal es limitado por que depende del intelecto, y éste es una parte de nuestro cuerpo que sólo da cuenta interpretativa de lo percibido por nuestros sentidos.

El conocimiento es parcial y pertenece al ego. En cambio, la consciencia nos lleva a la sabiduría, y ésta nos da la libertad para construir la existencia en el aquí y el ahora desde nuestro cuerpo. Y el cuerpo pasa a convertirse de esta manera en un testigo sintiente de la casa de Dios, es decir de la sabiduría que también es amor (pasión y compasión) que es el motor para la acción y la realización de lo humano como un ser, no ya para la muerte como decía Sartre, sino para la Existencia, para la Vida Eterna y la Felicidad.